De cómo la mala reputación no se cura con aspirina
-Te duele la cabeza? Tomá, acá tenés una aspirina.
Un diálogo más que habitual, ¿verdad? Lo que no sabemos es cuánto trabajo hay detrás de esa palabra, “aspirina”.
El puntapié inicial para su invención fue del químico francés Charles Fréderic Gerhardt (Estrasburgo, Francia, 21 de agosto de 1816), al realizar, en1853, la síntesis del ácido acetilsalicílico (sustancia presente en la corteza del sauce blanco, utilizada ya desde Hipócrates como analgésico y antipirético), combinando el salicilato de sodio con cloruro de acetilo. Como explica Jean-Marie Vetter, del departamento de Historia de la Facultad de Medicina de Estrasburgo, “la firma farmacéutica alemana Bayer patentó en 1899 la marca ‘aspirina’, por lo que se considera a menudo como inventor de este medicamento a su químico Felix Hoffmann, pero éste en realidad se inspiró en los resultados de Gerhardt para crear una versión menos cara y más fácilmente fabricable a escala industrial”.
El invento era genial, pero las malas lenguas dicen que Gerhardt se dedicó más a las polémicas con su colegas y a las mujeres. Así, la comunidad científica de la época lo marginó, y su intervención en el descubrimiento fue olvidada. Gerhardt murió tres años después, en su ciudad natal, de una peritonitis aguda.


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